NOTAS DE NICOLAS KLOTZ Y ELISABETH PERCEVAL
Anotaciones recogidas por Antoine de Baecque

La Historia que regresa
Nicolas Klotz: Una noche de enero de 2000, estaba preparando Paria. Hacía mucho frío. Yo esperaba al equipo en una estación de servicio. En el coche, escuchaba un programa de radio en el que François Emmanuel hablaba de su libro La cuestión humana [editado en castellano por Losada, Madrid, 2002], que se acababa de publicar. Sentía que algo iba a pasar con ese libro. Lo compré ese mismo día en una librería del barrio latino de París que abría por la noche y se lo di a Elisabeth Perceval. Le pedí que lo leyera y me lo contara. Estaba tan emocionado por lo que acababa de escuchar en la radio que tenía miedo de decepcionarme.

Elisabeth Perceval: La investigación que lleva Simon lo arrastra finalmente hacia su propio trastorno. Desde el principio siente que es manipulado sutilmente, pero ya es demasiado tarde, su jefe le ha contado demasiado y él se lanza a ciegas hacia esta misión, llevado por una suerte de curiosidad salvaje. Leí el libro la misma noche, del tirón. Quedé impresionada por la precisión y la claridad de la escritura, especialmente por la manera en que Emmanuel logra desenmascarar el lenguaje del poder. Esta historia prolongaba algo que ya estaba presente en Paria y La Blessure, mostrando que lo contemporáneo es difícil de comprender sin tener en cuenta los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial o la Historia en general. 

N.K.: La Shoah es uno de los actos fundacionales de la modernidad. Ha revelado la parte maldita de la sociedad industrial. La cuestión es saber si sus fronteras están herméticamente delimitadas dentro del tiempo y el espacio. Después de haber pasado gran parte de mi vida luchando contra todo tipo de angustias y abismos, leyendo la literatura de los campos, discutiendo con mi familia, con aquellos que regresaron de ellos, con aquellos que no conocen la historia, tengo la sensación de que la Shoah es una luz fósil. Una luz emitida antes incluso de 1940 y que continúa produciendo efectos sobre lo contemporáneo, creando el futuro. No se trata de explicar lo contemporáneo a través de la Shoah, sino de tratar de percibir sus resurgimientos, sus proyecciones, que tienen lugar hoy en día según unas formas muy singulares que ya no son las del mundo de los años cuarenta. Es muy importante no zanjar esta cuestión con las trampas de su respuesta. Afortunadamente, el cine no da ninguna respuesta, ninguna solución. Simplemente representa. He aquí la razón por la que los personajes de la película evolucionan dentro de un universo poroso, gaseoso, flotante, donde la lengua y los actos funcionan o se estropean según fenómenos de contaminación “atmosférica”.

Rock, Schubert, Ian Curtis
N.K.: La cuestión humana es un film musical, esto era evidente desde el principio. Cuando empezamos a pensar en la película, le pedí a Robert Wyatt que compusiera la música original. Él estaba de acuerdo, pero yo me puse un poco nervioso. Nos conocemos bien, él es extremadamente amable, de una inusual gentileza, pero como músico me intimida y tenía miedo de no atreverme a pedirle que rehiciera algo, si no funcionaba. 
Nuestra hija Héléna nos presentó el grupo Syd Matters. Cuando oí la voz de Jonathan, tuve muchas ganas de trabajar con ellos. Jonathan leyó el guión, “vivió con él”, como le gusta decir. Cuando terminamos el rodaje, vino a ver un pre-montaje de unos cuarenta minutos. Tres días más tarde, volvió con sonidos, fragmentos, una canción para los créditos del principio, bucles con los que experimentamos en la película. Alquilamos un estudio cinco días y cinco noches e hicieron toda la música, improvisando sobre las imágenes, apropiándose de los diálogos de la película para samplearlos.
Hay una parte de música más documental, que corresponde a la liberación nocturna de los jóvenes ejecutivos. En una escena se escucha Temptation, de New Order —los años 80— como si el fantasma de Ian Curtis, que visitaba ya La Blessure, planeara sobre la película.
Existe también el mundo musical de Jüst (Michael Lonsdale), su parte secreta. Es Schubert: la elegía suprema y el recogimiento absoluto, pero también el hilo conductor de la investigación de Simon sobre su jefe. Esta música habla de memoria clásica y de la manera en que ésta se transmite de padres a hijos. Pues los padres transmiten dos cosas: la violencia del asesinato y la cultura clásica.